Experiencias


Por qué Capri es lo que más me gustó de la Costa Amalfitana - Por Vicky Martínez -

Me llama mucho la atención cuando escucho a personas que recorrieron la Costa Amalfitana en tres o cuatro días. ¡Yo estuve ocho y no fueron suficientes! Es por eso que cuando recomiendo visitarla, mi principal consejo es ir con el tiempo suficiente para conocer todos sus rincones y disfrutar del verdadero “dolce far niente” italiano.
Después de un par de viajes en mi haber, y de padecer las corridas entre museo y museo, no hay nada que disfrute más que sentarme en alguna terraza europea mientras veo la gente pasar, solo así se siente el pulso de la ciudad y es que uno logra fundirse en ella. Nada queda más grabado en la mente viajera que las caminatas sin rumbo por aquellas calles originalmente desconocidas que con el tiempo se vuelven familiares. Nada se disfruta más que moverse sin la presión de los benditos relojes, salvo el biológico cuando el hambre apremia y no queda otra opción que volvernos a sentar en algún barcito escondido, guiados por el azhar y un poco de intuición viajera.  
Ahora bien, volviendo a la Costa Amalfitana, y si bien la misma está conformada por decenas de pueblitos mágicos, lo recomendable es siempre hospedarse en un punto estratégico para luego pivotear entre los otros pueblos. Luego de un research en las redes, el más amigable para el viajero a pie resultó ser Sorrento.
Sorrento es una ciudad con un paisaje único lleno de contrastes mar y montaña, además de tener una ubicación privilegiada ya que desde ella se puede acceder a las excursiones más populares de la zona: Nápoles, Pompeya, Herculano, Isquia, Capri, Positano, Amalfi y Ravello, entre otras.



Se puede llegar a Sorrento por tierra o por mar.  En mi caso, desde Roma tomé un tren de alta velocidad hasta Nápoles, y desde allí un tren local, el circumvesuviano. Los más aventureros, una vez en destino pueden alquilar un auto o una Vespa para recorrer la costa.
Si no tenés ganas de padecer el caos de tránsito de los sinuosos 50 km de costiera, caos que aumenta en temporada alta, hay varias opciones para moverse: transporte público, bus turístico (la costiera cuenta con el famoso red bus / hop on – hop off), transfer privado o bien navegando el Tirreno, saliendo desde la Marina Piccola de Sorrento, por ejemplo.
Como ya adelanté, si bien hay varias excursiones e innumerables pueblos de ensueño no quiero dejar de recomendarte la excursión a Capri, por lejos la ciudad que más me atrapó de la costiera, un must y un pecado pasarla por alto. 
Capri es una de las islas más visitadas de Italia, símbolo de la “dolce vita” italiana, destino del jet set mundial y de nosotros, los mortales. 

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A solo 15 minutos en transporte público desde Capri, se encuentra el pueblo de Anacapri, el municipio más grande de la isla, lleno de plazas, iglesias, playas y sitios históricos por descubrir.
Desde Sorrento o Nápoles llegan embarcaciones de distintos calados al pequeño puerto de la Isla. En mi caso, contraté un tour desde Sorrento, con transfer hasta el puerto de  Massa Lubrense, un pintoresco pueblo vecino. Desde allí salí en una embarcación privada hacia Capri.
Una vez en Capri y como contaba sólo con cuatro horas de tiempo libre, descarté el plan Anacapri, porque siempre es bueno dejar algo para cuando uno tenga la suerte de volver.  De todas maneras me tomé mi tiempo para hacer un segundo desayuno en la Marina Grande:   espresso y cornetto con vista al mar, nada mal. En funicular, ascensor o bus se asciende al centro de la Isla y a fin de reforzar la dosis de cafeína diaria, disfruté un café frio en la terraza del tradicional Bar Tiberio ubicado en la "Piazzetta" (el corazón de Capri).
También aproveché el tiempo libre para caminar por la lujosa "Via Camerelle" y almorzar en el famoso hotel Quisisana, el más grande y reconocido del casco antiguo de la isla, claro que no fue un menú gourmet sino mas bien un capricho, no iba a abandonar la isla de Capri sin probar una vera focaccia caprese: albahaca, tomate y mozzarella, combo perfecto de gusto y patriotismo.
Después del almuerzo seguí mi camino hasta la imponente terraza de los Jadines de Augusto, desde allí se ven los Farallones y la marina Pícola, una panorámica digna de postal.



Los farallones son uno de los principales símbolos de Capri. Son tres grandes masas rocosas que se encuentran cerca de la costa, inmersas en el azul del mar. Hasta los farallones se llega en en barco, incluso se los atraviesa, como más tarde haría en la pequeña embarcación de regreso a tierra firme, no sin antes zambullirme cual Esther Williams en el Tirreno.
¡Sí! En estas excusiones privadas además de disponer de tiempo para recorrer la isla, una vez a bordo, se nos brinda la posibilidad de sumergirnos en estas aguas azul cobalto, un valor agregado sin lugar a dudas.
Navegando de regreso a la península sorrentina, las maravillosas vistas de la Reserva Natural de Punta Campanella me dejaron sin aliento, tanto como atravesar los Farallones, esas moles de roca que ví desde lejos y luego me coronaron. El tour cerró tocando alguno de los puntos más destacados de la costa, como las famosas grutas (azul, blanca y verde) y el faro de Punta Carena.
Lamentablemente no conseguí hacer la excusión a la Gruta Azul, es sabido que para atravesar la entrada de la gruta se requiere de mucha suerte, ya que sólo unos 100 días al año el mar está calmo y la marea permite su ingreso. Otra cosa que con marea a favor, me esperará en mi próxima visita. 



La fama y el nombre de la Gruta Azul derivan del increíble color del agua en el interior: el mar parece iluminado por una luz submarina y se pueden ver miles de peces plateados bajo el agua. La entrada se lleva a cabo con pequeñas embarcaciones. La espera para entrar a la cueva, especialmente en temporada alta, puede demorar hasta una hora. Espera que seguramente vale la pena.
No miento si te digo que Capri es una de las joyitas más bellas de Italia y en sus apenas 10 km2 es una de las excursiones panorámicas obligadas de la costiera.

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