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Esta nota puede cambiar el mundo

abril 23, 2019

Ya sabemos lo que son las energías no convencionales; lo que sorprende es quién es el modelo a seguir en este aspecto. Será un continente en desarrollo, pero América Latina es la promesa en la producción de energías renovables. ¿Cuáles son los países latinos que se erigen como modelos de economía verde a nivel mundial?

Los índices y números de Latinoamérica suelen ser mala noticia. Devaluación, PBI, nivel de desarrollo, riesgo país… Pero hay una excepción: las energías renovables. Actualmente, más de la cuarta parte de su energía primaria procede de fuentes renovables, más del doble que el promedio mundial. Las cifras del último informe de Climatescope, elaborado por Bloomberg New Energy Finance y el Banco Interamericano de Desarrollo, sorprendieron con los países que lideraron el podio: los países emergentes.

Antes, las naciones en desarrollo se consideraban una promesa enorme, ya que las tecnologías limpias eran demasiado caras para el despliegue masivo. Ahora, el análisis de Climatescope documentó cómo el lugar de la actividad de la energía limpia había cambiado notablemente de norte a sur, y son las naciones menos desarrolladas las que están impulsando la transición energética. Estos son los países que nos llevan como continente latinoamericano a la cima.

Chile es un líder indiscutido. Encabezó por primera vez la lista de Climatescope, elaborada a partir de tres parámetros: fundamentos, oportunidades y experiencia. Las razones por las que ascendió a la cima del ranking se deben al récord de inversión en energía limpia y a las fuertes políticas del gobierno, comprometido a acelerar la descarbonización de su sector energético. La nación andina es el país latinoamericano que atrajo mayores inversiones extranjeras en energías limpias en los últimos años.

Es pequeño, pero Uruguay ostenta los mayores ingresos per cápita de América Latina, y está considerado un líder global por la calidad de su matriz eléctrica. Es el país con mayor inversión en energía renovable en relación al tamaño de su economía, por encima de Chile, Brasil, Alemania y Estados Unidos. Antes, esto hubiera sido impensable porque Uruguay no contaba con la infraestructura necesaria, pero la planificación de la política energética a 25 años (del Plan Nacional de la Energía 2005-2030), sus óptimas condiciones naturales y los beneficios ofrecidos a las empresas privadas que invierten en el sector dieron vuelta la situación.

Brasil se impone en el área de la energía eólica. Este sector creció un 16 % en América Latina en 2017, y Brasil lo lideró con una productividad de 12.763 MW ese año. Dejando la crisis económica atrás, la disminución de inversiones en energías renovables parece estar a punto de revertirse. Con su iniciativa en el uso de subastas competitivas para contratar energía no convencional, y en un marco de política de energía limpia integral y atractivo, Brasil se posiciona cuarto en el último ranking de Climatescope.

La promesa emergente está en Centroamérica y es Costa Rica. En 2017, ese país alcanzó una marca histórica a nivel mundial: cumplió 300 días usando únicamente energías renovables al operar su sistema eléctrico sin prender las plantas térmicas a base de hidrocarburos. El porcentaje de generación de energía eléctrica renovable llega casi al 100 %, proveniente principalmente del agua, el viento y la geotermia. El siguiente desafío: conseguir la descarbonización total con un sistema de transporte limpio.

La más desarrollada es la energía eólica, pero los paneles solares y lo hidroeléctrico están ganando protagonismo. América Latina demuestra ser una región con mucho potencial y tiene mucha iniciativa para aprovechar sus recursos. Estará en el fin del mundo, pero está a la cabeza del cambio.