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¿esta casa es un espejismo?

junio 21, 2019

¿Alguna vez viste un edificio invisible? Sí, será paradójico, pero este sí se puede ver. Es más, se encuentra en Gstaad, Suiza, y está abierto al público. No es literalmente invisible, sino que al estar compuesto completamente por espejos refleja su entorno y así se vuelve parte de él, disimulándose entre el paisaje montañoso. Te presentamos  Mirage Gstaad por Doug Aitken.

No por nada su nombre. Mirage significa “espejismo” en francés, una ilusión óptica similar a la que provoca esta obra envuelta en espejos. Sus superficies están completamente cubiertas por aluminio espejado, por lo que Mirage Gstaad refleja todo su entorno y se sumerge en él, cual camaleón que se camufla con el fondo.

La instalación fue asentada en ocasión del festival de arte Elevation 1049: Frequencies, exhibición producida por la fundación Luma. Reúne instalaciones artísticas a más de mil metros sobre el nivel del mar; esta elevación entre cielo y tierra es lo que hace únicas cada una de las instalaciones. Mirage Gstaad es una de ellas, ubicada en lo alto de los Alpes suizos, a 1.230,1 metros, para ser exactos.

Su singular silueta alude a las casas de los suburbios de Estados Unidos de los años 20. Esa sencilla forma (de un solo piso) imita el hogar ranch-style del oeste norteamericano, mientras que por fuera muestra un escenario claramente europeo; una combinación deslumbrante. Simple y minimalista, Mirage Gstaad se despoja de elementos sobrantes y se reduce a lo esencial: puertas, ventanas y aberturas fueron removidas para crear una relación fluida con el ambiente circundante.

De esa manera, la división entre interior y exterior se desvanece, para volverse una sola cosa. Por dentro, los ambientes vacíos no lo parecen tanto; la nada sin amueblar se convierte en un todo  con el hábitat que lo envuelve. Ocurre un fenómeno óptico en el cual el paisaje no solo se admira a través de las aberturas al exterior sino también en pisos, paredes y techos. Es como ingresar a un caleidoscopio de tamaño natural que absorbe y refleja el paisaje. Esta unión no solo es literal, sino también simbólica. Doug Aitken, su creador, quiso ilustrar la idea de estas fuerzas opuestas uniéndose. El artista sigue claramente las ideas del arquitecto Frank Lloyd Wright, reconocido precursor de la arquitectura orgánica, quien creía que el paisaje y la construcción deben convertirse en uno.

Emblemática, distintiva y sin igual, la creación originalmente pensada para el desierto norteamericano aterrizó en la nieve suiza, y adaptó sus colores áridos a la blancura brillante invernal de los montes suizos. Porque sí, los espejos tienen esa capacidad de adaptación. Por primera vez, esta obra estará en un mismo lugar por dos años. ¿Por qué tanto tiempo? Para que la estructura refleje el entorno cambiante de la montaña a través de varias temporadas, estaciones, colores y paisajes. La creación de Doug Aitken merece (no una, sino) varias visitas, ya que cada experiencia va a ser completamente distinta e irrepetible.

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