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La artista, Elisa Insua, moviliza La Usina del Arte con sus collages

noviembre 20, 2019

No es posible definirla con una sola palabra, color o material. Lo que sí sabemos es que es argentina pero hace dos años se fue a vivir a Madrid buscando aventurar su arte en nuevos escenarios. Por un tiempo en Buenos Aires para presentar en La Usina del Arte su expo llamada Vanitas Virtual, Elisa Insua nos brinda esta entrevista exclusiva.

Nombre completo: Elisa Insua
Signo del zodíaco: Capricornio
Una creencia inquebrantable: Que nada es lo que parece
Una película: Samsara, de Ron Fricke
Un museo: El Museo de arte Mori, en Tokio
Un color: Amarillo
Una canción: Easy, de Aaron Childs
Un libro: La elegancia del erizo, de Muriel Barbery
El 2020 para vos: ¡Una incógnita excitante!


¿Quién es Elisa Insua?
Una artista argentina que trabaja principalmente con objetos de descarte para crear enormes ensamblajes, collages, esculturas e instalaciones. Fanática de bailar hip-hop y ver buen cine, entusiasta de la ropa vintage y apasionada por el color. Licenciada en Economía Empresarial pero dedicada 100 % a las artes desde hace siete años. Obsesiva, meticulosa, algo caprichosa pero bastante alegre.

¿Qué diferencia encontrás entre el arte en la Argentina y en el exterior?
El arte es un lenguaje bastante universal. En la Argentina hay muchos más proyectos autogestionados, mientras que en Europa la escena artística está más institucionalizada, por lo que la curaduría, los montajes y los espacios expositivos son un poco más prolijos. Por otra parte, el arte europeo es más político o militante, mientras que el argentino es más humano, sensible y poético. Pero esto es una sensación personal.

¿Qué te inspira?
Por un lado, el rap norteamericano, con su estética del “bling”, sus cadenas de oro, diamantes y opulencia. También, las iglesias barrocas católicas, algunas películas (como Samsara y Baraka), los viajes (los palacios de Rajastán en India, por ejemplo), la cultura pop japonesa (con sus colores vibrantes y estética kawaii), la moda (quedé fascinada con las últimas colecciones de Balmain por Olivier Rousteing o Gucci por Alessandro Michele) y algunas ciudades particulares en donde estalla la ostentación (como Miami y Dubai). También tomo imágenes de videoclips, publicidades y la cultura pop en general.

Viendo todos los materiales que usás para cada una de tus obras, nos intriga saber… ¿de dónde los sacás?
Los materiales con los que trabajo son donaciones. Tengo cosas que mis amigos, familiares o seguidores me van juntando y me los acercan al taller. Son objetos que tienen una historia, que fueron diseñados en algún lado, fabricados quizá en otro e incluso ensamblados en un tercer lugar. Han pasado por varios puntos de venta, hasta que en algún lado, por alguna razón, alguien los compró, para sí mismos o para alguien más. Pueden haber estado días, meses o años en un cajón, hasta que llegaron a mis manos y luego a uno de mis cuadros. Así, cada obra reúne miles de historias, juntando una carga emotiva fuerte. Mis obras se transforman en creaciones colaborativas, donde hay miles de personas implicadas y reflejadas.

Si tuvieses que elegir un solo elemento para hacer una obra, ¿cuál sería?
Posiblemente elegiría bijouterie. Me interesa mucho el ornamento, tanto desde el punto de vista psicológico como social. Me interesa, por ejemplo, que los arqueólogos pudieron saber cuándo se empezó a estratificar o jerarquizar la sociedad a partir del descubrimiento de tumbas cuyos cadáveres tenían puestos collares, coronas o elementos distintivos (para marcar esa jerarquía) hechos con huesos, plumas o dientes.

¿Qué te gusta contar con tus obras?
¡Podría hablar diez horas seguidas de esto! Mi trabajo es una invitación a la reflexión, un llamado a abrir un poco más los ojos y mirar cómo estamos viviendo, de qué nos estamos rodeando, qué estamos persiguiendo y para qué. Busco hablar de la insaciabilidad humana, el deseo, la ostentación, el poder, la búsqueda de trascendencia, entre otras cosas.

Un buen consejo que te hayan dado…
“A veces las personas que parecen más exitosas son en realidad las más mediocres, y las personas que parecen más mediocres pueden ser las más exitosas”. Me lo dijo mi papá cuando yo tenía 19 años. Otro buen consejo me lo dio mi tía, a la misma edad: “No dejes que tu exigencia empañe tu frescura”. Y por último, una recomendación que siempre vuelve a mi cabeza: que me ponga las patas de rana y me vaya a bucear en lo más profundo de mí, para luego trasladar lo que allí encuentre a mis trabajos. Me lo dijo María Casado (galerista) hace unos años.

¿Y crítica?
Que tenga cuidado con que mi obra, a veces un poco explícita, pueda tener por momentos “la pollera demasiado corta”. Me lo dijo Fabiana Barreda (artista y curadora) hace 7 años y lo sigo teniendo en cuenta.

De todas las obras que hiciste, ¿tenés alguna preferida?
De las últimas, mi preferida es una instalación que presenté el año pasado en una galería en Madrid (Cerquone Projects). Titulada “Sugar-coated Lies VI”, se trataba de una enorme telaraña de tres metros de alto, realizada íntegramente con golosinas. Hablaba un poco del capitalismo salvaje como trampa autoimpuesta, como algo atractivo y adictivo que a la vez nos hace daño y no nos deja salir.

Si no hubiese límites, ¿dónde te gustaría ver tus obras expuestas?
Me encanta la idea de arte en espacios públicos. El hecho de que una obra dialogue con un público no especializado y que irrumpa en su día sin que las personas salgan a buscarlo me parece hermoso. Me encantaría tener alguna obra en alguna plaza de Buenos Aires o Madrid. También sería interesante tener mis piezas en una especie de “Sculpture Garden” como el que construyó Niki de Saint Phalle en Italia. Aunque tener obras expuestas en el MoMA o la Bienal de Venecia supondría una palmadita en la espalda que nunca viene mal.

¿Sobre qué superficie que todavía no hayas intentado te gustaría experimentar?
Estoy con la idea de empezar a trabajar con vidrio. En la exposición que hago en noviembre en La Usina del Arte se va a empezar a ver algo de eso. También estuve empezando a incursionar con golosinas y le veo bastante potencial (calma: son siempre golosinas vencidas que pido a los mayoristas). Y también estoy regresando a la pintura y al dibujo, técnicas clásicas a las que siempre me da placer volver.

Si no fueses artista, ¿qué harías?
Creo que sería diseñadora de muebles o de vestidos de fiesta hechos con textiles de descarte. De hecho, estas son cosas que estoy considerando hacer, en paralelo a mi práctica artística.