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Él es la cara silenciosa detrás de la industria

mayo 28, 2019

Julio Kim es la cara silenciosa detrás de Naíma, Becci y Calandra, tres grandes marcas de indumentaria femenina. Emprendedor y perseverante, nos cuenta cómo fue el camino que lo llevó al lugar que ocupa hoy en el mundo empresarial.

“En la vida no hay atajos”, así empezó la charla con Julio Kim en la que nos contó sobre su camino desafiando al intelecto, desarrollando al máximo sus habilidades, y siendo más perseverante que nadie.

Nació en Corea del Sur y en 1992 vino a la Argentina con su familia. Al llegar a este rincón de América del Sur, se encontraron con dos caminos para salir de su difícil situación económica: producir ropa o venderla. Y optaron por la venta al por menor. Se instalaron en Tristán Suarez, Partido de Ezeiza, y con una gran dificultad para comunicarse (pero una enorme visión), compraron un local que estaba a medias y lo convirtieron en un exitoso negocio familiar. “Mi papá sabía de negocios, pero nada de moda. Y como esta era la gran apuesta familiar, pusimos todo ahí”, cuenta Julio.

Julio no es su verdadero nombre. Fue el que eligió al llegar al país en honor a un gran amigo suyo y al magnate romano, Julio César. Su camino recién empezaba y, desde chico, absorbió una fuerte y rigurosa cultura de trabajo.

Una vez terminada la secundaria, y habiendo empezado sus estudios universitarios, Julio se abrió de los negocios de su papá y empezó su propio camino. Ahí fue cuando aplicó para un trabajo en una empresa de comercio exterior. “Llevé el currículum en tres idiomas: coreano, porque sabía que el dueño era nativo; español, porque estaba en Argentina; e inglés, por el tipo de empresa que era”. Y así fue como retomó su contacto con la industria textil, para ver cómo importaban y exportaban telas. Mi papá siempre decía: “Hacé una sola cosa y hacela bien. Llega un punto en el que, si vos seguís y seguís, terminás siendo bueno en lo que hacés”, asegura Julio.

Hoy mueve las piezas en el detrás de escena de Naíma, Calandra y Becci. Además, tiene una empresa de importación de telas del exterior. Pero no solo eso. “Lo primero que hice cuando gané mi propia plata fue comprarme un departamento”. Y se enamoró de la arquitectura. Entonces, fundó su propia constructora y actualmente lidera varios proyectos distribuidos por Buenos Aires.

La calidad es el pilar que sostiene su filosofía de trabajo. “En mi familia siempre decían que, hagas lo hagas, debías hacerlo bien, si no era mejor ni hacerlo”. Al entrar a Naíma, Becci y Calandra, las reestructuró por completo para ofrecer productos de valor a sus clientes. “Vendés una idea, un concepto, y la gente compra una experiencia”. Así es como invirtió en la imagen de cada marca, abrió nuevos locales y llevó a cabo campañas espectaculares, como la última de Naíma con Juana Viale o la de Becci con Valentina Zenere.

Con casi 30 años en Argentina, dice: “Siento que soy más argentino que coreano y ampliamente responsable de todo lo que logré. Por eso sigo apostando siempre a su crecimiento”. Formó una familia argentina y habla castellano fluido, aunque entre las paredes de su casa el coreano sigue intacto. Una experiencia de vida que yace en silencio, pero cuyos logros son de público conocimiento.

 

Más info:

www.naima.com.ar