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¡Machu Picchu está en peligro!

noviembre 30, 2019

Una vez más, la mano del hombre demuestra ser la mayor amenaza a la naturaleza y al patrimonio histórico. Chinchero es el futuro aeropuerto internacional de Perú que puede significar la destrucción de una de las siete maravillas del mundo moderno.

Chinchero es un pequeño pueblo andino, con paisajes montañosos increíbles y una población tranquila que vive del cultivo de la tierra. Pero también es el sitio elegido por las autoridades peruanas para construir un nuevo aeropuerto internacional. Este paisaje salvaje, que antes transmitía paz, hoy se ve invadido por camiones y excavadoras.

El presidente Martín Vizcarra decidió meses atrás poner en marcha un proyecto millonario de construcción del nuevo aeropuerto, probablemente con fines turísticos y políticos. Aunque en realidad la idea original data de tiempo atrás: en 1981 se presentó como una posibilidad y el mismísimo presidente de ese entonces, Fernando Belaúnse, vivenció el peligro de sobrevolar la zona por el clima montañoso. Sin embargo, hoy se decidió retomar esta obra a pesar de que las amenazas persistan.
El gran beneficio es evidente: facilita el acceso a uno de los destinos históricos más importantes de América. Cuando antes había que tomar al menos dos aviones de muchas horas de viaje (ya que el aeropuerto de Cusco, a 30 km de allí, es pequeño y solo recibe aeronaves pequeñas y de cabotaje), en un futuro se podría realizar un solo viaje directo desde el exterior.

Pero cuando todo parece alentador, llega el momento de analizar las consecuencias (y no son tan positivas). En principio, ubicar un aeropuerto de grandes naves en un relieve así conlleva peligros: ubicado a 3.760 metros sobre el nivel del mar, la altitud puede generar complicaciones de vuelo debido a la neblina, los vientos cruzados y las granizadas que se producen en climas montañosos en altura. Además, esta construcción alentará nuevas obras a su alrededor, promoviendo una urbanización sin regulación y un violento cambio en el paisaje. Por otra parte, el aspecto arqueológico también sale perjudicado: debajo de ese terreno puede haber restos de vida inca aún no descubiertos que se arruinarían por la construcción.
Claro que Machu Picchu también sale perdiendo. Es uno de los complejos arqueológicos más maravillosos de la historia y mejores conservados del mundo, y recibe más de 5.000 turistas de todo el mundo por día (más del doble de lo recomendado por la Unesco para su mejor conservación). Si este aeropuerto se hace realidad, facilitará la llegada de los turistas a Machu Picchu desde todo el mundo, y se estima que recibirá a más de seis millones de personas por año, casi diez veces más de lo recomendado por la Unesco. Tanta explotación turística puede significar la desaparición de tal patrimonio.

Arqueólogos, historiadores, científicos, el pueblo peruano y otras personas alrededor del mundo mostraron su preocupación al respecto y su rechazo al proyecto. Piden considerar los peligros que se esconden detrás de los aspectos benévolos que las autoridades comunican. Incluso reclamaron el cese de la obra al mismo presidente, pero las autoridades no respondieron nada aún. Todo gira en torno a un objetivo paradójico: el aeropuerto está pensado para hacer crecer el turismo exponencialmente, hacer más accesible el patrimonio a todo el mundo y generar más ganancias; pero será ese mismo turismo en exceso el que destruirá Machu Picchu, la atracción a la que los turistas desean llegar.

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