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#TBT: la influencer que une música y activismo social

mayo 7, 2020

Su nombre parece salido de un cuento mágico y algo de eso hay. Cuenta la leyenda que prácticamente sus primeras palabras fueros cantadas y que el abecedario fue la fuente para que escriba las mejores canciones. Con un estilo boho chic y un mundo de trenzas en ese pelazo rubio “hada”, Connie Isla logró tener más de 400 mil seguidores en Instagram y que la repostee varias veces @thegoodvoice, un usuario que sube videos de las voces más interesantes del mundo. Ella, un fenómeno exótico y sin igual.

¿Cuándo fue que dijiste “listo, voy a ser cantante”?
En realidad, esto me pasa desde que tengo memoria. A los cinco años me metieron en clásico y a los seis en comedia musical y nunca paré. De hecho hoy en día soy profesora por vocación.

¿En tu familia hay algún artista?
Mi abuela es profesora de música y mi abuelo era tenor. Además, mi papá siempre me hizo escuchar música de todos los géneros. Así que tuve mucho de las dos cosas, parte de la teoría y parte de la práctica.

¿Dirías que te apoyaron en un 100%?
Totalmente, aunque nunca hubo mucha opción de nada, yo sabía que iba a hacer esto. A los 16 años mis amigos del colegio se fueron de viaje a Londres y yo preferí hacer un curso de actuación en Nueva York. Uno de los mejores viajes de mi vida.

Les demostraste que tenías ganas…
Sí. Cuando terminé el colegio empecé a estudiar actuación en Andamio 90 y realicé mis primeros videoclips con Colorsens. Gracias a esos me vio Cris Morena y me convocó para Aliados.

¿Quién dirías que es tu referente?
Mi ídolo máximo es Freddy Mercury. Pero, si tengo que nombrar a alguien más actual, soy fanática de Ed Sheeran. Amaría hacer un featuring con él.

Si no fueras cantante, ¿qué harías?
Me hubiese gustado estudiar Letras. Escribí para un diario que es solo de buenas noticias. Me encargo de la parte de arte y tendencias.

Además, tenés un costado de diseño y arte muy marcado…
Sí, me gusta todo lo artístico. Me entretengo pintando, cosiendo, inventando. Hace relativamente poco empecé a hacer atrapa sueños y dibujos, y cuando los subí a Instagram la gente enloqueció y me pidió que los venda, pero me pareció una locura. Entonces pregunté en Snapchat: “Si vendo cosas, ¿ustedes me las comprarían?”, y me respondieron que sí, hasta personas de Francia, de África. Ya tengo un plan, pero mucho no puedo contar aún.

Superaste los 400 mil followers en Instagram, ¿cómo fue esa historia?
La verdad es que nunca fue mi plan. Yo era la típica que subía fotos cuando tenía un programa. Un día mi prima me insistió en que subiera mi cover y logré como 200 likes, que para mí en ese momento era un montón. Así que lo volví una rutina de una vez al mes.

¿Y cuándo te diste cuenta de que era un boom?
Explotó cuando empecé a subir los crazy covers, que son esos videos en los que toco varios instrumentos. De repente empezaron a repostearme de cuentas de los Estados Unidos, y todo fluyó.

¿Qué rescatás de positivo de las redes sociales?
Son espectaculares porque le dan lugar a la gente que no tiene los medios para llevar sus canciones a una discográfica. En los 90 tenías que llevar tu EP a Universal, Warner, Sony y dejarlo en la puertita y rezar para que no lo desechen, como pasaba todo el tiempo.

¿Y de negativo?
El tema del bullying. A mí no me llegan muchos de esos comentarios y cuando lo hacen no me importa. Entro, bloqueo a la persona, borro el comentario y listo. Pero hay gente a la que le afecta un montón.

¿Qué les dirías a las chicas que viven eso?
Una vez leí en un post de Instagram el comentario de una fan que le reclamaba a una famosa: “Yo te sigo hace un montón y soy una fan tuya pero la verdad es que tengo que ser sincera con lo que noto. Cada vez que la gente te escribe comentarios positivos no decís nada y cuando alguien te manda mensajes negativos les respondes en seguida. Quizás podrías tomarte más tiempo para responder los mensajes lindos que los mensajes feos”. Para mí es tal cual, si no vas a responder los mensajes lindos, no respondas los feos. Las críticas constructivas suman, las demás no.

Tenés personalidad para vestirte…
Yo tengo un estilo que es muy particular y auténtico a mí. No me gusta que me digan lo que me tengo que poner: siento que, primero, yo conozco mi estilo más que nadie; y segundo, yo sé lo que me queda bien y lo que me queda mal. Siempre es todo con plumas, chalecos, botas tejanas, jeans rotos, camisolas, collares, sombreros.

¿Qué son los accesorios para vos?
Lo más característico mío son los sombreros, que no pueden faltar. Y también me gusta mucho todo lo que sea collares con piedras, con cuarzos o con plumas.

¿Qué pensás del término “estar a la moda”?
Para mí estar a la moda es tener un estilo propio, que vas actualizando pero lo mantenés a lo largo de los años.

Esta nota fue publicada en la edición Invierno 2016 de Revista Mustique.