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#TBT: para vos… ¿cambió en algo Jenny Williams?

diciembre 12, 2019

Sus comienzos fueron tímidos. Empezó como modelo, no porque fuera su verdadera vocación, sino porque en un mundo tan competitivo como el de la tele, le fue más fácil encontrar trabajo en ese campo. “Gracias a Dios nací con características físicas determinadas”, bromea, y estas le abrieron las puertas al modelaje.
Pero si hay algo que caracteriza a Jenny es que sabe muy bien qué es lo que quiere, sobre todo cuando se trata de su profesión; por eso, más allá de campañas internacionales –con marcas de primer nivel que la hicieron viajar por el mundo–, siempre mantuvo su cabeza firme con un Norte bien claro: crecer como actriz.
Jenny empezó su formación en Comedia Musical, porque defiende a ultranza que una tiene que ser lo más completa posible. Se entrenó en baile, acrobacia y hasta toca el violín…
Tanto esfuerzo dio sus frutos y así consiguió sus primeros roles en series como Casi Ángeles y Floricienta. En el 2010 tuvo una participación especial en Malparida y en una miniserie italiana; pero fue recién en 2012, con su papel de Sofía en el hit de Graduados, que, cada vez más, Jenny deja de necesitar introducción.

Después de una mega producción de fotos en L’Hotel, la blonda más codiciada del 2012 charló en privado con Mustique.

¿Cómo es un día habitual en tu vida?
Uy, esta es una respuesta muy complicada. Al trabajar en la tele, no tengo un schedule determinado, o una rutina diaria ya predefinida. Los horarios para el día siguiente me los pasan a última hora la noche anterior y recién ahí puedo organizarme… La prioridad, claramente, la tiene la grabación y esta me puede tocar en cualquier momento del día, todo depende de la suerte. Yo vivo sola, así que tengo que ocuparme de mi casa, de todas las obligaciones que genera y además pasar tiempo con mi familia, amigos, hacer deporte… También estudio teatro con Inés Pascual. Ella trabaja con el Método y yo estoy muy casada con ese sistema de trabajo.

¿Qué deportes hacés y cómo te cuidás?
Toda la vida hice mucho deporte, pero ahora estoy haciendo CrossFit, que me deja liquidada. En cuanto la comida, soy vegetariana desde hace más de 10 años. Trato de no caer en el pecado de la pizza, pastas y empanadas, sino de ser creativa. Mi dieta es a base de verduras pero le pongo onda (risas), me gusta hacer ensaladas copadas, platos como ratatouille… Además, tengo que admitir que tengo una muy buena genética.

¿Qué placeres diarios te permitís?
Soy golosa, me gustan muchos las golosinas. Me como un chocolate por día. Pero también me encanta llegar a casa y desconectarme del mundo, apagar el teléfono, poner música y conectarme con mi esencia y con mi hogar. No veo televisión pero sí muchas series y amo llegar y meterme en la cama a ver alguna peli, mientras como algo rico. Me gusta mimarme desde ese lugar, pensar, “hoy trabajaste duro, te lo merecés”.

¿Cuál es, para vos, el plan perfecto?
Alguno que no requiera de apuros, que no implique tener que estar mirando el reloj. Todo este último año estuve como el conejo de Alicia en el País de las Maravillas, pendiente de la hora, así que el plan perfecto es aquel en el que no me tenga que apurar. Y si es en la playa, mejor; si bien no tomo sol, amo el agua y relajarme en el mar.

¿Sos de comprar compulsivamente? ¿Qué cosas?
Como mi carácter es bastante compulsivo, trato de contenerme con las compras. Si veo alguna prenda que me encanta dejo pasar dos o tres días; si sigo pensando en ella, en cómo combinarla, etc., entonces ahí sí me la compro.
En su momento era compulsiva con el cigarrillo, pero ahora lo dejé. Empecé a reducir la cantidad, hasta que hoy si me ponen un cigarrillo en frente ni siquiera me tienta, no me gusta ni el olor.

¿Cómo viviste el éxito de Graduados?
Con mucha tranquilidad, con los pies sobre la tierra. La gente cree que era nueva porque recién estaba trabajando en un producto tan fuerte, pero hace muchos años que estoy en esto. El éxito se me dio paulatinamente, así que no me mareé. Lo que más me cuesta quizás es organizar mi vida, con tanta carga horaria, pero creo que la clave es la tranquilidad, porque sé que hoy uno está arriba y mañana puede estar muy abajo. Busco definirme con humildad, aceptando mis errores pero también celebrando mis triunfos; sino, por el afán de querer siempre más, uno no disfruta el presente. Hay que saber valorar el momento.

¿Qué similitudes compartís con tu personaje?
Sofía es una luchadora, está en una búsqueda de crecimiento constante en lo emocional. Ella está muy sola y se crió con un gran déficit de amor, porque su papá la dejó. Yo entiendo esta herida emocional: mi papá también se fue de casa, así que conozco el sentimiento de abandono… Pero, a la vez, ella es más inmadura que yo a los 17 años. A esa edad yo ya sabía a dónde quería llegar, ya vivía sola, tenía otra cabeza, era mucho más madura emocionalmente. En algún punto me cuesta justificarla, algunas de sus decisiones me parecen infantiles.

¿Algún proyecto para afuera?
Tengo contactos fuertes en México y Nueva York, podría viajar y probar suerte ahí, pero por ahora no me picó el bicho. La verdad es que recién ahora estoy cosechando acá todo lo que vengo sembrando desde hace años, y sería una picardía irme justo ahora. Es decir, no me iría de cero, con el corazón adolescente tras un sueño, pero sí con una propuesta formal.

También protagonizaste campañas de moda, ¿qué trabajo disfrutás más?
Mi carrera es la actuación. De hecho, del modelaje lo que más me gusta son los comerciales. Mi trabajo como modelo me dio libertad económica, pude irme a vivir sola, ayudar a mi familia y comprarme un auto a una edad temprana.

Y lo tuyo también es el canto…
Sí, de hecho, tengo una banda que primero empezó como hobby pero que ahora está dando sus primeros pasos profesionales, en la que canto y toco el ukelele. Ya hicimos nuestro debut, en el lanzamiento de Kosiuko.
Además de la actuación y el canto, también trato de entrenar mi cuerpo, que es una herramienta fundamental. Esto afuera es muy común, pero en la Argentina mucha gente se sorprende y me comenta, “¡qué completa que sos!”. Pero afuera todos los actores se entrenan de modo integral. Y tiene sentido, porque la idea es contar historias de otras personas. Sino, uno termina actuando siempre de sí mismo. Pero hay que ser versátil, tener maleabilidad, ser un lienzo en blanco sobre el que se puedan contar infinidad de historias.

(Esta nota fue publicada en la edición Primavera 2012 de Revista Mustique)