Meet Them


Un safari por 5 reservas naturales en el corazón de África por Sofía Prado

septiembre 15, 2020

Por Sofía Prado

Salvaje, libre de mapas y de esquemas que nunca son los mismos. Viajamos esta vez a tierras africanas, a Kenia y a Tanzania, para dejarnos sorprender y maravillar cada día por lo desconocido, por la espontaneidad de la naturaleza. Bienvenidos a un recorrido por cinco de los más apasionantes parques nacionales de África del este.

Maasai Mara, el escenario más fascinante de África
Pocas veces en mi vida pude observar algo tan impactante. El color de los pastizales, árboles desolados en una inmensidad que siento que oculta hasta lo más pequeño del ciclo de la vida. Llegamos al Maasai Mara, leyendas, historias y escenarios que se vuelven reales en el corazón del continente africano. Nuestro guía se sonríe, lo mejor de este viaje es nunca saber qué se verá al día siguiente, cuán emocionante puede ser aquella mañana, o aquel atardecer… ¿Veremos algo mejor? ¿Algo peor? ¿Qué más puede pasar? Miles de historias se vienen a mi mente al ritmo que nos alejamos del campamento. Sí, nos hospedamos en las orillas del parque, en lo que llaman campamentos, aunque en realidad son comodísimos hoteles que en el exterior tienen forma de carpa, un mix perfecto entre aventura y confort.
A medida que nos alejamos el techo del jeep se abre invitándonos a todos a pararnos sobre los asientos, sujetarnos y observar. Fascinación. El corazón late con una adrenalina extraña con los tintes de una aventura real, única. Cámaras listas, ojos abiertos, atentos, afinados. Agudizar la vista es tal vez el mejor ejercicio de este viaje, diferenciar los colores, las formas. Parece algo sencillo, pero a lo lejos un rinoceronte se confunde con un búfalo y un árbol se entremezcla con el cuello de una jirafa. Somos turistas cuando ingresamos al parque pero juro que nos vamos siendo exploradores.
Nuestro ranger era un experto, se le notaba en los ojos, en su forma de observar. Con una trayectoria de más de 20 años conocía cada recoveco del parque, cada camino, cada árbol. Reconocía lugares que a simple vista parecían iguales, pero que tal vez ocultaban un chita en su copa. Y así fue cuando en nuestro primer recorrido por la sabana nos topamos con una manada de chitas machos, descansando a solo unos pasos del campamento. Silencio tajante, miradas penetrantes de los animales hacia nosotros y viceversa. Casi se podía sentir la misma curiosidad de ambos lados. Ochuka, nuestro ranger, se sonríe y poco a poco nos va alejando para invitarnos a ver más. – Buena recibida nos dio el Maasai Mara- nos afirma.
Pero no hace más que distanciarse un poco que su radio comienza a sonar, pues los rangers se comunican entre sí cuando un evento atípico sucede. Acelera de prisa y de repente nos encontramos frente lo que tal vez había sido una cacería nocturna despellejada. Era la cueva de un leopardo, uno de los cinco grandes y, según mi experiencia, de los más difíciles de ver. Se escapa de su cueva abriéndose paso entre los pastizales que casi lo hacen invisible. Mágico. –Vaya suerte la de este grupo– bromea. – Debe ser por su buen guía–. Aunque tal vez era real, ya que nuevamente sus ojos se disparan a lo que era una familia de elefantes a lo lejos que se abría paso para cubrir a una cría de cualquier depredador. Se sienten los barritos, sonido que hacen los elefantes de la manada como única música del lugar. Todavía pienso en ese sonido, fue único. –Dos de los cinco grandes en muy poco tiempo– acota nuevamente Ochuka. –¿Vamos a por los leones? –. La sangre se hiela. Si crecimos escuchando sobre el rey león, viendo documentales sobre este imponente animal, aseguro que nada se asemeja a tenerlo en frente. Esbelto, con un pelaje envidiable y unos ojos que solo infunden respeto en un parpadear. Increíbles, ubicados a pocos metros, leones y leonas juegan con sus cachorros obviándonos por completo. Esto es la vida salvaje. Esto es la naturaleza, me digo.
Sin embargo, el momento estrella de este parque es sin duda la migración, período en el que miles de ñus y cebras viajan desde Maasai Mara hasta Serengueti, Tanzania, en busca de comida. No existen fechas claves para ver este proceso, de hecho son muy variables dependiendo de la lluvia, pues la migración casi nunca cesa, solo cambia de zona.
Durante la mañana siguiente nos encontrábamos viajando en el jeep cuando de repente empezamos a notar una gran cantidad de ñus. Ñus y cebras en cantidades descomunales que cruzaban por delante nuestro, corrían en manada, peleaban, casi que no daban espacio ni para un ser vivo más. De repente, jirafas adornan el espacio con una nueva mirada aún más alucinante. Era una, dos, tres. De repente ya no importaba cuantas veíamos, era un cuadro de animales conviviendo entre sí, emprendiendo su marcha. Nuestro guía subió a una colina aledaña (viajar con buenos rangers te da spots brillantes para quienes quieran aprovechar la vida salvaje para hacer fotos). Una vez arriba, todos enmudecimos. No nos alcanzaba la vista para capturar tanta vida en pleno camino. Jirafas, ñus, búfalos, cebras, más cebras, más ñus, más jirafas. Todos coexistiendo, todos marchando.
–Ahora sí, bienvenidos al Maasai Mara, bienvenidos a África–.

Lago Naivasha: safaris en canoa
Se preguntarán por qué nos fuimos de Maasai Mara y la verdad es que Kenia cuenta con 23 parques nacionales donde la fauna y flora nos permiten escenarios renovados de la vida natural con diversas experiencias. Debemos aclarar que es de suma importancia moverse por estas tierras salvajes con un buen guía, además de que es casi imposible trasladarse en solitario. Si bien ninguna empresa puede garantizar el encuentro con los animales, puesto que nos encontramos en la naturaleza, el viajar con expertos nos permiten más chances de hacerlo. Así fue que conocimos a la gente de Kobo Safaris, quien además nos diseñó safaris personalizados por muchos de los parques de los que jamás habíamos escuchado nombrar.
En Lago Naivasha nuestro ranger nos guió hacia un puesto de canoas, una nueva alternativa de hacer un safari para descansar del jeep. Navegar en uno de los humedales más grandes de África rodeados de hipopótamos no tiene comparación alguna, estén lejos o cerca estos animales bostezan y pelean entre sí sin sacar su cuerpo del agua. Sus ojos nos observan desde apenas unos milímetros de la superficie. Por momentos no puedo imaginar lo grandes que son, cuesta dimensionarlo si solo vemos sus diminutos ojos y orejas. Pero cuidado: algunos locales los llaman los más peligrosos de las selva, capaces de comerse de un bocado a cualquier curioso por más de que su dieta sea vegetariana.
El viaje continúa, con la canoa bordeamos la isla de Crescent, donde la vida salvaje se abre entre montañas desprovistas de depredadores. En este escenario se ha rodado nada más y nada menos que Memorias de África, película de Sydney Pollack, que tal vez despertó el interés de muchos a conocer estas tierras.

Lago Nakuru, safaris a pie
A lago Nakuru llegamos por la tarde. Habíamos visto centenares de fotografías en Google donde mostraban miles de flamencos rosados como estrellas del parque (y era nuestra principal búsqueda en este recorrido). Pero una pequeña sorpresa nos tenía preparado nuestro guía para entonces: una nueva modalidad de safari para volver a desafiar nuestras experiencias, un safari a pie hacia las orillas del Nakuru. Sí, a pie, una propuesta nueva para dejarnos sentir la verdadera grandeza de los parques nacionales. El corazón nos palpitaba fuerte y los ojos desesperados chequeaban en cada recoveco intentando estar alertas a un posible depredador. Pero tranquilos, rangers dedicados solo al cuidado de las personas nos escoltaron en todo momento hacia las orillas de una de las vistas más bonitas de África donde no solo pudimos ver una marea de flamencos rosa tiñendo las aguas sino que hasta olerlos, escucharlos despertando nuevas sensaciones.
Sin embargo, como todo en estas tierras, los itinerarios suelen sorprendernos. Camino de regreso al jeep caímos en una especie de agujero en la tierra; pero no, no era un agujero, era una huella ¡y enorme! Los rangers hablaron entre sí y rápidamente nuestro guía vino a inspeccionarla. –Hay rinocerontes cerca– afirmó entre sonrisas. Y pues claro que valía la pena sorprenderse, los rinocerontes son tal vez los más difíciles de ver hoy en día. Con una pérdida de población de 20.000 rinocerontes a solo 400 debido a la caza furtiva, hoy en día son la población con más peligro de extinción de todo el continente.
Subimos nuevamente al jeep y nos alejamos de las orillas del lago, el silencio había vencido por fin a estos viajeros que entremezclados con adrenalina estaban a punto de ver, a mi parecer, uno de los animales más alucinantes del planeta tierra. De pronto, los pastizales se abrieron en dos, adulto y cría nos brindaban no solo una postal victoriosa de estos animales sino que incluso la esperanza de la vida renovándose, apostando a este ciclo sin fin que es más valioso e impactante de lo que imaginamos.

Serengueti, el paraíso de las cacerías
Para cuando el jeep nos cruzó a Tanzania ya habíamos visto casi todo, los cinco grandes (león, búfalo, leopardo, elefante y rinoceronte), leones copulando, migración, pelea, todo. Pero decidimos desafiar nuestra suerte y apostar aún más –Queremos ver una cacería– le dijimos a nuestro nuevo ranger, ya que cambian de país en país. Y lo pusimos en tal vez la búsqueda más difícil de la selva, que solo depende de la suerte. –Vamos, te tenemos fe Rafael– lo alentamos, sin imaginar la grandeza de un gran observador de la vida salvaje. Aquí nuevamente vuelvo a recalcar la importancia de rangers especializados y sobre todo con experiencia.
Por lo tanto nuestra estadía en la gran sabana, pues Serengueti es la continuación de Maasai Mara pero muchísimo más grande, se volvió una especie de aventura digna de Discovery Channel. En este viaje que logra volver a los turistas exploradores nos enfrentamos a la prueba final. Paciencia, silencio, horas de búsqueda y dedicación.
Cinco leones contra un solo búfalo. Este fue el primer conflicto que nos cruzamos, cinco leonas, y más, rodearon a un búfalo herido. La victoria estaba a favor de las leonas que no lo dejaban moverse ni aunque lo intentase. El animal seguía de pie, pero la sangre se desprendía de sus muslos y de su cuello cual herida de guerra. Las leonas se turnaban, sospechábamos que querían cansarlo antes de dar el ataque final, pues el búfalo es capaz de asesinar a un león entremezclando su fuerza con su cornamenta. Sin embargo, a pesar de estar muy mal herido, cada intento de las leonas se veía frustrado por su defensa.
Pasaron minutos, incluso horas. Las leonas seguían debatiéndose entre atacarlo y retroceder pero sin permitirle el paso. De repente un confuso episodio anuló a las depredadoras, el búfalo retrocedió pero nadie lo detuvo lo suficiente, solo una leona continuó haciéndole frente, pero solo una no era capaz de frenarlo y el miedo la llevó a retroceder. Retroceder tanto hasta alargar la brecha entre ella y las demás leonas permitiendo así el escape de este búfalo herido que con una gran ventaja perdió de vista a sus oponentes y ganó una nueva vida. Los leones no siempre ganan. Esto es único, pero tan real como la vida en la sabana.
Leonas contra cebras. Todo sucedió muy rápido, las cebras estaban inquietas, corrían de un lado a otro haciendo su particular sonido que es una mezcla de un relincho con rebuzno. Una alerta. Entre la multitud desaforada de cebras, ocultas en los pastizales, había una manada de leonas. Casi como si estuvieran organizadas se dividieron en tres grandes grupos, rodeando completamente las enardecidas cebras que cada vez hacían más y más fuerte su sonido. De repente dos leonas corrieron al ataque, las cebras se dispersaron en sentido contrario pero no contaban con una tercera leona esperándolas del otro lado. La multitud se esparció, los sonidos bajaron su intensidad y, al abrirse camino, una leona había cazado la cena para todo su clan.

Ngorogoro, la maravilla de África
Dejamos atrás la sabana para adentrarnos en las rutas altas tanzanas. Camino entre colinas, tribus maasai que marchan en solitario kilómetros y kilómetros rodeados de jirafas y elefantes que se cruzan en el camino más que autos. De repente, camellos se entremezclan con las tribus que pastorean sus cabras en un clima que se parece más a una jungla húmeda que a un desierto o una sabana. Impactante. Del calor pasamos al frío, a nubes bajas y a aldeas que encienden fogones a lo lejos mientras bailan para darles la bienvenida a los viajeros que deseen parar a saludarlos. Es una convivencia perfecta, entre humanos y animales que no se jactan de mapas ni líneas imaginarias. A mi parecer, una de las mejores rutas que he conocido.
Pero sin duda la estrella de Ngorogoro es su cráter, con aproximadamente 2.5 millones de años, paredes de casi 600m, 260km2. La caldera de este cráter es la mejor conservada del mundo y para colmo es hogar de al menos 25.000 animales salvajes de distintas especies. Pastos verdes, lagunas, bosques y colores vivos que lo hacen un hogar para elefantes, leones, cebras y ñus, entre otros. La vida aquí no necesita de migraciones, el clima es propicio para la estadía durante todo el año.
Descendemos entonces por la ladera del volcán que una vez supo ser más alto que el mismísimo Kilimanjaro. Nos despedimos de las jirafas, las cuales no se animan a descender por la ladera siendo las únicas ausentes en la caldera. Y nos adentramos al paraíso. Búfalos, rinocerontes, hipopótamos, leones, miles de cebras, ñus, avestruces y cientos de clases de aves. Desde los miradores parece simple recorrerlo, pero una vez abajo nos encontramos con kilómetros y kilómetros para que cada quien tenga su lugar de paz. Bosque para los elefantes, rocas para los leones, hasta lagos repletos de flamencos.
Sin duda una maravilla de la naturaleza, sin duda una maravilla de África.

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