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Un recorrido por la Barcelona Alternativa (para que no hagas siempre lo mismo) Por Celina Achiary

abril 10, 2019

No es ninguna novedad decir que Barcelona está de moda hace ya un tiempo. Entre las imágenes que se nos vienen a la mente en cuanto escuchamos pronunciar su nombre está la Sagrada Familia, Casa Batlló, Park Güell, las ramblas y la popular Barceloneta. Sin embargo, Barcelona es mucho más que lo que leemos en las guías de viaje o vemos en las redes sociales. Es como un museo a gran escala y cada esquina cuenta su propia historia, es por eso que muchos eligen dejar de lado las atracciones típicas de la ciudad y se sumergen en lo alternativo. Prefieren perderse entre sus calles y dejarse sorprender o, simplemente, optan por vivir la ciudad desde otro punto de vista.

Hoy, les propongo hacer un recorrido virtual por una Barcelona alternativa, visitando ocho lugares que tienen encanto propio y que no aparecen en las tan consultadas guías turísticas, ¡todavía!

Para empezar nos vamos a ubicar en el centro de la ciudad. Justo detrás de la Catedral, donde está la emblemática, pero tímida, Plaça de Sant Felip Neri. Esta plaza, llena de historia, se encuentra un tanto escondida, en pleno Barrio Gótico. Está precedida por una iglesia barroca en cuya fachada aún pueden verse erosiones, como cicatrices de un tiempo oscuro, causadas por el bombardeo del año 1938, en el que murieron cuarenta y dos personas. Caer en este oasis de serenidad, después de haber esquivado a un centenar de turistas para llegar, es una sensación realmente única. Un dato de color, y que nada tiene que ver con la historia, sino más bien con el mundo del espectáculo, es que fue escenario del videoclip de la canción My Inmortal, de la cantante Evanescence. También aparece en películas como “Vicky, Cristina, Barcelona” y “El perfume”.

Antes de alejarnos del todo del barrio Gótico, vamos a caminar unos metros para conocer la Parroquia Santa Anna, que está a muy pocos pasos de Plaza Cataluña. Esta iglesia y antiguo monasterio cuenta con la presencia de dos estilos arquitectónicos diferentes, debido a la época en que se comenzó su construcción (estilo romano) y en la que se finalizó (estilo gótico). Realmente es un tesoro escondido en el centro de la ciudad y miles de turistas pasan cada día por la puerta pero al ser desconocido, lo dejan de lado. Se destaca, no solo por su sencilla belleza, sino también por su intensa labor social a favor de los más desfavorecidos, quienes, desde hace unos años, tienen la posibilidad de dormir en este sitio. La joya indiscutible de este lugar es su claustro.

Saliendo del Barrio Gótico, tomamos la calle Vía Laietana y nos adentramos en el Born, para conocer una de las obras más importantes de la ruta del Modernismo catalán.

El increíble Palau de la Música Catalana. Es probable que al llegar nos quedemos boquiabiertos contemplando la belleza que irradia este edificio. Tiene una combinación perfecta de vitraux, mosaicos, ventanas y cerámicas, que hasta quienes no entendemos de arquitectura aplaudimos a su creador. Tan auténtico de afuera, como por dentro, no importa si es de día o de noche, a toda hora tiene su encanto. Es la única sala de conciertos declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO.

Para no desviarnos del modernismo y seguir asombrándonos con este estilo arquitectónico propio de Barcelona, nos dirigimos hacia el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1997. En cualquier otra ciudad, un hospital con características similares, sería el edificio más emblemático de la urbe, pero en Barcelona, hay tanto patrimonio rico modernista que pasa desapercibido. Por supuesto que tener de vecina a la indiscutible reina de Barcelona, la majestuosa Basílica de la Sagrada Familia, tampoco ayuda demasiado a su fama. El recinto tiene 27 pabellones, creados por separado para evitar contagios en aquella época. Todo está simétricamente calculado y por supuesto que sigue con el estilo particular antes mencionado.

De a poco nos vamos acercando al barrio de Gràcia, donde vamos a encontrar la primera obra que Gaudí realizó en Barcelona (1885): Casa Vicens. Ya a unos metros se dejan ver los colores y las formas geométricas propias de su fachada. La mejor descripción que encontré para este rincón modernista es “oasis que rompe estilísticamente con todas las demás viviendas de la ciudad”. Recién en noviembre de 2017 fue abierta al público como casa museo, luego de haber estado tres años en restauración.

Llegó la hora de interactuar con la naturaleza y ver un poco de verde! En este caso, propongo conocer a la estrella del parque más antiguo de la ciudad. El Parque del laberinto de la Horta, tal como su nombre lo indica, tiene un laberinto que lo hace único. Especial para los que buscan un lugar de descanso lejos del ruido de la ciudad. El parque está formado por un jardín neoclásico, otro romántico, el espectacular laberinto de cipreses y numerosas estatuas con alegorías mitológicas. Se dice que el truco para salir del laberinto es girar casi siempre a la derecha. Advierto, no es tan fácil 😉

A esta altura, ya dejamos el mar varios kilómetros atrás y si miramos hacia adelante solo vemos montaña. Y si, los próximos puntos que vamos a recorrer se encuentran cuesta arriba.

Para los amantes de las alturas, subir al Tibidabo, también conocido como la montaña mágica, puede ser el mejor plan del día. Es la cima más alta de Barcelona y se la puede ver desde cualquier punto de la ciudad. Además del Templo del Sagrado Corazón, donde está el Cristo con los brazos abiertos como si estuviera abrazando a la ciudad, hay un parque de diversiones, el más antiguo del país. Otras de las características de este parque es el increíble museo de autómatas. Según dicen, el propio Walt Disney, en su visita al parque, firmó un cheque en blanco para comprar la colección de juegos y juguetes mecánicos automatizados, pero su propuesta fue rechazada y no pudo cumplir su sueño.

Ahora sí, vamos llegando al final y no hay mejor manera de terminar este paseo tan entretenido, que contemplando cada rincón desde arriba y con la ciudad Condal, literalmente, a nuestros pies. Desde los Bunkers del Carmel podemos ver todo Barcelona con una vista inigualable de 360º.

Los bunkers se construyeron en 1938 durante la Guerra Civil para proteger la ciudad de los aviones fascistas. En el año 1992, se convirtieron en un mirador abandonado que solo algunos curiosos llegaban y, luego, con el boom de las redes sociales, este spot secreto fue comenzando a cobrar fama. El momento del día por excelencia para visitar este lugar es el atardecer. Deleitar nuestra retina con la perfección de Barcelona, los emblemáticos edificios que se distinguen desde lejos y el sol escondiéndose detrás no es cosa de todos los días.