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¿Cuál es el destino más misterioso del mundo?

junio 13, 2019

Sucedió hace ya casi doscientos años. Corría el mes de septiembre de 1835 y Charles Darwin llegaba a las islas Galápagos. Como parte de una circunnavegación terrestre a bordo del HMS Beagle, el célebre naturalista inglés se detuvo en ese archipiélago sin saber que la fauna que encontraría allí le ayudaría de manera decisiva para sentar las bases de su teoría del origen de las especies. Deslumbrado por su naturaleza, Darwin no dudó en definir a las Galápagos como un colosal paraíso.

Hoy en día, pese al devenir del tiempo y al avance desmedido de la civilización, las Galápagos siguen siendo aún ese paraíso que encontrara Darwin en 1835. Conformado por 13 islas principales de origen volcánico y un centenar de islotes menores a su alrededor, este archipiélago constituye una colosal reserva de diversidad biológica en la que conviven casi dos mil especies endémicas, entre ellas, las famosas tortugas terrestres gigantes que maravillaran especialmente a Darwin y a las que vulgarmente se les ha dado el nombre de tortugas de Galápagos. Sin dudas, esa extraordinaria fauna resulta el principal imán para los más de doscientos mil turistas que visitan las islas cada año, mayormente llegados desde Ecuador en vuelos que parten de la ciudad de Guayaquil. Un recorrido de casi mil kilómetros para sumergirse en un mundo asombroso.

El 97 por ciento de la superficie de las Galápagos constituye un Parque Nacional. Las pocas zonas no afectadas como reserva natural son ocupadas por las escasas poblaciones que hay en el archipiélago, entre ellas, Puerto Ayora. Con algo más de 15 mil habitantes, Puerto Ayora se encuentra en la isla Santa Cruz y es la mayor ciudad de las Galápagos. La mayor parte del turismo que llega al archipiélago se aloja en Puerto Ayora y utiliza la ciudad como eje de sus visitas hacia los diferentes rincones de Galápagos. En Puerto Ayora se encuentra la Estación Científica Charles Darwin, un centro de investigaciones biológicas creado en 1964 que es el principal encargado de monitorear la conservación de los recursos naturales de las islas. Allí, en ese centro, se encuentran numerosos ejemplares de especies protegidas de tortugas gigantes y lagartos terrestres, dos de los principales representantes de la singular fauna de las Galápagos. Sin dudas, la visita a esa estación científica es uno de los imperdibles para los turistas que llegan a las islas. Entre las tortugas que se conservan en la estación, se encontraba hasta hace apenas dos años Solitario George, la más famosa de las tortugas gigantes de las Galápagos, que murió en junio de 2012 sin dejar descendencia. Encontrada en la isla Pinta a comienzos de la década del setenta, George era casi la última de la especie Geochelone abingdoni, una de las catorce especies que habitaban originalmente el archipiélago y de las que ahora quedan tan solo diez.

Próximas a Puerto Ayora, las arenas blancas de las playas de Tortuga Bay son otro de los atractivos imperdibles para el turismo. Caminar por las costas de Tortuga Bay, cuyo nombre hace referencia a las tortugas marinas que llegan a estas orillas para depositar sus huevos, resulta siempre encantador. Especialmente si esas caminatas se hacen rodeado de cientos de extrañas iguanas marinas de pieles muy negras que recuerdan invariablemente al Godzilla de la película de 1998 que protagonizó Matthew Broderick.

Desde el muelle principal de Puerto Ayora, salen numerosas embarcaciones para todas las islas principales del archipiélago y también para muchísimos de los islotes más pequeños. Entre las navegaciones que salen hacia el sur, hay que destacar las que llevan a la isla Española, en donde abundan los pájaros bobos de patas azules, una de las aves endémicas más atractivas de las Galápagos. Entre las salidas con rumbo al oriente, están aquellas que van a la isla de San Cristóbal, en cuyas costas septentrionales se encuentran algunas de las mayores colonias de tortugas gigantes de todo el grupo insular. Las navegaciones al norte incluyen las salidas a la isla Santiago, también llamada San Salvador, cuya característica esencial son sus hermosas playas en las que abundan los leones marinos, las focas, los flamencos y los pequeños pinzones de Darwin, un ave de quince centímetros de color negro y canto melodioso. Y finalmente, en dirección al poniente, están las naves que van a la isla Isabela, la mayor del archipiélago y en cuya geografía se destacan los volcanes Alcedo, Darwin y Wolf. Una suma de opciones a las que se agregan las navegaciones a islotes menores, como Seymour Norte, formada a partir de una elevación de lava submarina e invadida de enormes colonias de lobos marinos, fragatas reales, gaviotas de cola bifurcada e iguanas terrestres de intensos tonos amarillentos. Postales de ese paraíso que hace doscientos años conoció Charles Darwin y que aún hoy persiste. Naturaleza única.

Fotos y textos: Chino Albertoni

Chequeá también la casa que es un espejismo en medio de la montaña