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Japón: la tierra del sol naciente

febrero 8, 2019

Intriga es la reacción inmediata que sucita. Una intriga llena de admiración e ilusión por conocer su misteriosa tierra (y si la conocés, entendés la maravilla de la que hablamos). Rodeado por el mar de Japón y el océano Pacífico, Japón se erige, brillante, en el mapa asiático. Curiosamente, Japón significa “la tierra del sol naciente”. Pero ¿a qué se debe ese nombre? En el año 607 d. C., el príncipe Shōtoku mandó una carta al gobierno de China a modo de admiración. Con ella, quiso generar un vínculo haciendo referencia a que el sol salía en Japón al este y se ponía en China al oeste. Ese espectáculo natural que los vinculaba es lo que marca la historia de su nombre.

El país está dividido en más de 6.000 islas, pero son cinco las principales: Hokkaidō, Honshū, Shikoku, Kyūshū y Okinawa. Su territorio posee desde playas tropicales, en Okinawa, hasta extensas pistas de esquí, en Hokkaido. El monte Fuji es el punto más alto del país y se eleva sobre la región de los Cinco Lagos de Fuji. Esta inmensidad volcánica ha sido inmortalizada en cientos de fotos y pinturas que han hecho de esa falla geológica un característico símbolo de Japón. Subir a la cima es el sueño de muchos, pero únicamente abre sus puertas del 1 de julio al 28 de agosto, así que, si vas por esas épocas, no te podés perder el amanecer desde su punto más alto.

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Cerca de ahí, está la capital, Tokio, la New York City oriental —como le dicen—. Esta ciudad es el centro político, económico y comercial del país, y epicentro de la cultura pop japonesa. Allí, una postal conocida es la torre de Tokio, que se creó allá por el año 1958, y que tiene un mirador a 150 metros de altura. Si vas, no podés dejar de visitar el barrio Shibuya, un distrito en donde podés encontrar decenas de centros comerciales, y esa sensación vertiginosa que le dan los miles de carteles luminosos y cruces peatonales que se inundan con estampidas de gente. Tokio es, sin dudas, una visita obligada en el paso por el país insular, y conocer de cerca la vibrante vida de los tokiotas es imperdible.

Uno de los highlights de este destino es el festival Cherry Blossom, o Hanami para los locales. La armónica flor del cerezo explota con su belleza en la primavera, desde febrero hasta mayo, tiñendo el territorio de color rosa pálido. Este festival natural conmueve a los japoneses (y a cualquier turista que viaje en el momento justo), y despierta incontables tradiciones y celebraciones alrededor de todo el país nipón.

Y si bien la tradición se respira en cada rincón de Japón, la innovación y la tecnología están presentes en casi absolutamente todo. El tren Shinkansen es un ejemplo de ello. Une las islas principales acortando las distancias entre los rincones más atractivos (básicamente todos) del país, como el templo Kiyomizu-dera, uno de los emblemas de la ciudad de Kioto y elegido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, o el bosque de bambú en Arashiyama, un escenario natural que no te vas a querer perder.

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