#muyMustique


#TBT: Charlamos con una de las restauranteurs del momento, Marina Bissone, fundadora y dueña de Farinelli

enero 23, 2020

Wow. Cuánto carácter. Pero de ese que da gusto tratar. Marina es una mujer simple, decidida, que no teme admitir que odia salir en fotos pero que, cinco minutos después, tampoco vacila en revisar la cámara del fotógrafo, estudiar su pose y comentar, “ya sé en qué me estoy equivocando. Tengo que posar así y asá”.
Y es que, se nota que desborda pasión. Y no solo por la gastronomía, sino por el mundo del arte, el cual consume y al que pertenecen muchos de sus amigos; es amante también de su gato Ron, “en quien me gustaría reencarnar”.
Sonará a cliché, pero definitivamente es, una entusiasta y una curiosa de la vida. Y sino, basta con repasar su formación: a los 17 años, se recibió en el Liceo Francés y decidió viajar a Florencia, donde vivió durante 10 meses. De allí siguió camino a Francia, en donde hizo toda la carrera de Filosofía en París pero también trabajó como estilista, en el Museo de la Moda y en una revista de arte. Ya de vuelta en Buenos Aires, fue asistente de vestuario para cine, trabajó durante tres años en una editorial de literatura contemporánea y, finalmente, en diciembre de 2009 abrió su local de gastronomía en Bulnes y Cerviño, Farinelli.
Y la historia sigue así…


¿De dónde viene el nombre “Farinelli”?
Estaba en el taller de una amiga artista, en La Boca, y mientras hablábamos de ópera surgió el nombre Farinelli, que cumplía con mis dos premisas: que no fuera un nombre muy personal, es decir, que no tuviera que ver con “Marina”, y que se pudiera replicar, porque desde el principio supe que iba a abrir más de una sucursal. Pero además, mi primer trabajo en Florencia había sido en una cocina, y entonces quería que fuera un nombre italiano también, porque ahí es donde nació mi relación de adulta con la cocina.

¿Quién te gustaría que se siente a tu mesa?
Sophie Calle o Patti Smith. Siempre esperé que entrase Susana Giménez a Farinelli.

Si tuvieses que llevar Farinelli a otra parte del mundo, ¿a dónde sería?
A San Pablo y a Santiago de Chile, como un plan a mediano plazo; pero si tengo que fantasear, me gustaría que haya un Farinelli en cada continente.

¿Qué rituales diarios tenés?
Ir al almacén de la esquina para ver qué comprar para la noche. Darme un baño de inmersión. Cocinar, copa de vino en mano… Ahora que hace calor, suelo tomar un Sauvignon Blanc, Spy Valley.

¿Por dónde considerás que entra la comida? ¿Por el gusto, la vista, el olfato…?
Para mí la comida tiene que ser rica: es lo único que importa, no hay más vuelta o secreto que eso.

Tu biblioteca es gigante, ¿cuál es tu libro de cabecera?
Cualquiera de J. D. Salinger y un atlas. Ahora leo casi solamente novela gráfica.

¿Quiénes son tus referentes en la moda?
Lucio Castro.

¿Tenés algún ritual de belleza?
¡Ojalá! Tengo una cosmetóloga –pero soy bastante mala paciente– y estoy fascinada con la Homeopatía, pero la verdad es que no, ¡mirame las manos! Cualquier cosa que requiera alto mantenimiento no es para mí, porque no tengo tiempo. Usé flequillo durante un año pero me lo saqué, no me es práctico. Me encanta estar prolija, ¿eh? Pero no más que eso.

¿Cuál es tu mejor outfit?
Un vestido negro cortito.

En tu placard no puede faltar…
Un jean usado y viejo y un vestido negro.

¿Cuál es tu don secreto?
Saber envolver regalos.

En cuanto a la gastronomía, ¿cuál es tu sello personal?
Que la comida sea rica. Es lo único que me importa.

¿Cuál es tu plato preferido?
Sería muy reduccionista nombrar uno solo. Hay días en que pienso que podría vivir a sushi y al día siguiente tengo antojo de comida india. Soy muy extrema, me obsesiono con algo, después me canso y cambio. Pero siempre disfruto de un plato de pastas o una buena hamburguesa.

¿Dónde probaste el mejor plato de tu vida?
Probé miles de platos, soy híper curiosa y me gustan demasiadas cosas. Pero algunos de mis restaurantes preferidos son Moro, en Londres, Big Sur Bakery, en California o Il buco, en New York.

¿Cuál es el hit de Farinelli?
El sándwich de milanesa, el cheesecake de mascarpone con maracuyá y el gazpacho.

¿Cuál es tu postre preferido?
El chocolate muy amargo.

¿Qué restaurantes de Buenos Aires te gustan?
Tegui, de German Martitegui, a quien amo, es un genio total. Para almorzar me gusta Sudestada, y ahora hay un nuevo bar que me encanta y que sirve los mejores tragos de Buenos Aires, Florería Atlántico. De afuera no se nota que es un bar. Abrís una puerta que es como una cámara de frio. Arriba venden flores, las de mi casa son todas de ahí, y vinos. Queda a media cuadra del nuevo Farinelli

¿Qué restaurantes de afuera te inspiran?
No me inspiran sólo restaurantes, sino viajar en general. Además, en general me inspiran platos que voy probando, más que lugares puntuales. El año pasado, por ejemplo, agregué un falafel a la carta de Farinelli, inspirado en uno que probé en un puestito de Le Marais; o sino, el verano pasado incluí summer rolls, hechos con papel de arroz, en honor a unos que había comido en la calle en New York. El año pasado comí una hamburguesa de langostinos increíble en Londres y ahora quiero hacer una.

¿En qué intentás diferenciarte de otros restaurantes?
En que Farinelli no tiene mucha decoración, sino que la protagonista es la comida. Y además, el cliente no tiene que imaginarse qué va a comer, sino que hay un mostrador donde está toda la comida a la vista para que la gente tenga contacto directo con el producto.

Si tuvieras que describir la personalidad de Farinelli, dirías que…
Es un espacio muy informal. Es como un picnic… es un lugar muy libre, muy cómodo, donde cada uno se arma el plato como quiere.

¿Qué artistas te gustan?
Por nombrar unos pocos, Cata León, Nahuel Vecino, Lux Lindner, Nicolás Bedel, Julián Prebisch, Alina Perkins… Los cuadros que ves en casa son de ellos. En general, compro a través de Machete y de Sly Zmud.

¿A quién admirás como profesional y en la vida?
A Germán Martitegui y a mi novio Marcial, por soportarme.

¿Qué cosas te hacen feliz?
Las más simples, como el amor, la cocina, viajar…

¿Qué le darías de comer al amor de tu vida en una noche especial?
Me gustaría nunca dejar de cocinarle algo distinto.

¿Cuál sería tu última comida antes de morir?
Milanesa con Tortilla de Papas, como en todos mis cumpleaños.

(Esta nota fue publicada en la edición Alto Verano 2012 de Revista Mustique)